CRÓNICAS DE LUZ  

Esa hermosa tierra dorada con la cual todos soñamos en nuestras fantasías; "El Nuevo Edén", donde permanecemos los que queremos estar lejos de los odios y rencores, del vicio pestilente de las ciudades; lejos de enfermedades, mezquindades, de emociones y pasiones encontradas, que han hecho estragos en nuestras vidas durante milenios, en una eterna rueda kármica que pareciera no acabar nunca pero que al fin está concluyendo.

Alida Ottengo

 

 
 

 

                

CRÓNICAS DE LUZ

Noche del 2 de noviembre de 1991

Hora: 2.30 a.m.  

No puedo conciliar el sueño y decido ponerme a escribir estas páginas que posiblemente sean determinantes en el curso de mi vida, aún sin saber específicamente qué tema abordar.  Siento el impulso de hacerlo, y he comenzado dejando que fluyan canalizados mis pensamientos, posiblemente de Dimensiones Superiores, o quizás sea simplemente mi subconsciente que quiere manifestarse sobre el papel.

La Sabiduría de años me ha perseguido en mis sueños.  Siento que un torrente de conocimientos emana en lo más recóndito de mi mente, sin embargo no puedo accesarlos.  ¿Cómo hacer, cómo limpiar esos canales energéticos que permanecen obstruidos sin querer dar paso a ese flujo de ideas?  Es como un río que corre en torrentes, por manantiales de agua fresca y de repente se retiene, represado, estancado, sin poder seguir su curso, deseando que una mano piadosa desatranque el cauce, abra las compuertas, para que con todas las fuerzas corran a raudales por los "Senderos de la sabiduría".

¡Qué sabio eres! Compañero de vidas que permaneces abrazado a mí por eones de años, acumulando Sabiduría de vida en vida, mezclando una índole de experiencias que en confuso tropel no canalizan su paso.  Amado hermano, compañero del pasado, vuelve a ti mi interés.  Interés por revelarte, por lograr canalizar todo ese torrente de Luz hacia el consciente.  Mucha Sabiduría ha habido durante vidas, y ahora me toca experimentar el sinsabor de conocer que existe ese conocimiento, mas no lo puedo alcanzar.  

 

 

Tiempos venideros muy pronto en llegar me apuran el paso, tengo que lograrlo, tengo que accesar al conocimiento, ¿pero cómo? ¡Abre las compuertas y comienza ya!  Deja que tu pluma se deslice en el papel, ábrete hacia el cambio, escribe y allí fluirá un sinnúmero de recuerdos que te harán cambiar tu campo vibracional.  Experimentarás y conectarás; libre, fluida, déjate correr sin ataduras: ¡lo vas a alcanzar!

Hija mía, estás en los comienzos de una transformación determinante para ti.  Debes estar alerta ante cualquier situación que te perturbe.  Nada que te produzca dolor en tu corazón es bueno.  Debes estar firme y decidida, consciente de una toma de decisiones determinantes en tu vida, pero que será el paso a tu crecimiento interior.  Serás valiente, sin temores que coarten la acción.  Llegó el momento, y emprenderás nuevos caminos a los senderos de una felicidad eterna y perfecta.  ¡Que nada te perturbe! 

Dejo cosas atrás en una toma de decisiones que no había experimentado antes.  Siento que ha llegado el momento de soltar ataduras que constriñen mi camino, soltar todo lo que impida mi evolución.  No deseo ya poseer ni ser poseída.  Deseo la libertad absoluta de mi cuerpo físico, etérico, emocional y mental.  Voy camino hacia la ascensión, un camino estrecho y difícil, muy empinado, sin ninguna oportunidad de desviarme hacia los lados por veredas contiguas, subiendo la empinada cuesta.

Solo vertical, solo hacia arriba, cortando con todo lo que me molesta en el paso, yendo libre, casi desnuda, despojándome de todas mis vestiduras, mis máscaras, mis protecciones donde siempre me había escudado; mis eternas excusas, mis egos.  Cuán difícil, Señor, cuán dura es esta senda, cuántas piedras en el camino por andar, por venir.  Cada día son mayores en número y tamaño.  Siento que me agotan, que un hálito de vida es lo poco que me da impulso y el deseo de llegar a la cumbre.  Ya no hay vuelta atrás, he decidido tomar el camino y brindar mis energías a Dios. 

He prometido mi vida con el trabajo del Padre y debo cumplir, quiero cumplir.  Así lo haré, yo llegaré.  A pesar de los obstáculos del camino, yo lo lograré, lograré alcanzar el Sol, abrazarme con él, fundirme con él, formar una unidad y llegar a ese nuevo hogar, "La Tierra Prometida, la Nueva Jerusalén".  Esa hermosa tierra dorada con la cual todos soñamos en nuestras fantasías; "El Nuevo Edén, donde permanecemos los que queremos estar lejos de los odios y rencores, del vicio pestilente de las ciudades; lejos de enfermedades, mezquindades, emociones y pasiones encontradas que han hecho estragos en nuestras vidas durante milenios en una eterna rueda kármica que pareciera no acabar nunca pero que al fin está concluyendo.  Está llegando a su fin para comenzar "Una Nueva Vida, una Nueva Dimensión", una más elevada vibración de nuestros cuerpos (físicos y etéricos) hasta conseguir un total cambio de nuestras programaciones genéticas hacia "Un Nuevo Proyecto de la Luz".

Vienen Tiempos Nuevos, Tiempos frescos de Paz y Amor, de Verdad y de Fe, vibrando en la Esperanza de un Nuevo Amanecer.  Tiempos en que no habrá clases sociales, sólo prevalecerá el status espiritual.  Una Nueva Luz, un Nuevo Día, Nuevas Tierras que sembrar.  El Hombre libre, el Hombre de Acuario, el Hombre Sabio, con una Sabiduría de años, de milenios, que ha pasado a través de vidas cumpliendo diferentes roles; un aprendizaje de ensayos y errores que nos ha curtido, que nos ha hecho fuertes, que nos ha puesto de nuevo en el rencuentro con nosotros mismos; ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos y qué vinimos a cumplir  en este hermoso pero desdichado Planeta Tierra?  

 

 

Hacen eones de tiempo, muchos, muchos atrás, por lo menos quinientos mil, la Tierra era un Planeta de Luz y de Amor, en una constante evolución.  La Paz reinaba entre nosotros y todo era un camino hacia la perfección.  Todos los seres de la Gran Jerarquía Universal estaban en constante contacto abierto con la Tierra, lejos de velos de maya que enturbiaran la perfecta armonía.  Pero un día un ser magnífico, de grandes proporciones, Príncipe Planetario y bello en todas sus Dimensiones llamado Luzbel, sintió celos; grandes celos de otro ser en una Dimensión Superior a la suya que se llamaba Micael, Hijo del Hijo Eterno (creador del Universo local de al cual pertenecemos).  Nuestro Amado Jesús, un Ser extraordinariamente Superior, trabajando a los servicios de Dios Padre, creador de todo el gran Omniverso, habita en el Gran Pleroma Universal, centro de todos los Universos, de donde proviene la Vida, de donde mana la existencia, a donde algún día tendremos que llegar.

Micael, encargado de la evolución del Universo Local situado en el Séptimo Superuniverso (hay tantos Micaels como universos locales).  Todos son Hijos del Hijo Eterno, que compone la Santísima Trinidad Padre-Hijo-Espíritu Santo en el Gran Pleroma Universal. 

Luzbel, a las órdenes de Micael, se rebeló contra él y contra Dios Padre en un acto de desobediencia y soberbia, y 37 planetas de este Universo local se rebelaron junto con él,  entre ellos la Tierra.  Por un espacio de aproximadamente 300.000 años, pasaron a las fuerzas del mal que han reinado allí hasta ahora.  Entonces, hubo un Mandato Superior de ponerlos en cuarentena.  A partir de allí la Tierra pasó a ser un planeta de karma y vino la caída del hombre.  Sin embargo, muchos seres quedaron a favor de Micael, aunque la gran mayoría se pasó al bando de Lucifer (Luzbel).

Ha sido cruenta la lucha y durante siglos hemos sido perseguidos los “Hijos de Dios”, siempre huyendo de las fuerzas siniestras que quisieron apoderarse del Conocimiento del Archivo Akáshico de la Tierra.  Y así, los seres de Dios se establecieron en la Atlántida y durante milenios mantuvieron oculto el conocimiento de las garras del príncipe terrestre vendido a Lucifer y sus secuaces.  Pero ellos supieron un día el paradero de esos Archivos Secretos y fueron en su búsqueda, y fue así que la Atlántida se hundió ante un exceso de fuerzas cósmicas superiores dirigidas por las potencias del mal.

Entonces huyeron cinco embarcaciones a diferentes partes del planeta, entre ellas México (los Mayas), Perú (los Incas), Estados Unidos (los indios Sioux y Pieles Rojas), Sur de Europa (civilización cretense) y la quinta fue a Egipto, llevando los Archivos Secretos.  Allí permanecieron ocultos del mal durante siglos, hasta que en la Dinastía XVIII donde  Amenophis III funda el “Consejo de la Sabiduría o Gran Logia” para custodiar especialmente estos Conocimientos que permanecían en una pirámide subterránea, en donde hoy en día está situado el Templo de Salomón (de él sólo quedan las dos columnas, la de la sabiduría y la de la severidad, del Árbol de la Vida).

Amenophis IV, hijo de Amenophis III, crea la veneración a un Dios único llamado Atón o Ra (Dios del Sol), y por primera vez después de todos estos acontecimientos, en la tierra se trata de establecer un monoteísmo u adoración a un solo Dios verdadero saliendo del hasta ese momento politeísmo de dioses paganos a favor de las fuerzas del mal. Amenophis IV se hizo llamar Akenatón en honor al Dios Atón o Dios único, y su esposa Nephertiti lo acompañó siempre en sus rituales de ofrenda a ese Dios, junto con toda una corte faraónica y el pueblo de Egipto.

Su reinado duró pocos años, ya que las fuerzas del mal lograron infiltrarse a través del sagaz Orengeb y tomar posesión del conocimiento y del mando destituyendo a Akenatón, al que luego sucede Tutankamón, quien también fue eliminado.  El sacerdote Ay y por último Orengeb le suceden en el reinado junto con los sacerdotes egipcios ávidos de poder; y un enjambre de pasiones se sucede allí hasta lograr destronar el reinado de Dios en la tierra, e implantar de nuevo las fuerzas del mal a través del dios Amón y su multiplicidad de dioses paganos.  Así, queda de nuevo el Archivo Akáshico de la tierra en manos de Orengeb y sus secuaces.

Pero hay una historia encantada que dice así:  “Sólo las fuerzas del bien, sólo la espada de luz, podrán vencer el mal y rescatar de las garras del espíritu de Orengeb y Belcebú, su guardián, los conocimientos o archivo akáshico que permanecen ocultos en la Torre de Amón.”

También Moisés, muchos siglos después, logra implantar el conocimiento a un Dios único a través de las Tablas de la Ley o Diez Mandamientos, y sacar al Pueblo de Dios de las orgías en que caían adorando a dioses paganos para conducirlos al camino de la Tierra Prometida.  Vuelven los tiempos, y la historia se repite de una u otra forma, y volvimos a caer en las garras más sangrientas de las fuerzas del mal, que se recrudecen en pleno Siglo XX, plena era de Acuario.

Cada 2.160 años se sucede una era.  La anterior fue la era de Piscis, en la que vino Jesús a cumplir su Misión de Amor, pero quien en ese entonces no fue comprendido.  Esta era fue netamente material, en la que prevalecían los estatus sociales, el valor del dinero.  El hombre era representado por los valores materiales.  Esa era dura aproximadamente hasta 1967, cuando empiezan los albores de la Era de Acuario, que es netamente espiritual, donde existe una gran búsqueda de la verdad y un cambio revolucionario del hombre anterior, el “hombre viejo” (donde todavía prevalecen los dogmas, tabúes, normas, conceptos, que cierran el paso a la evolución no dejando ver la luz cerradas en religiones, ritos, filosofías, sectas, tendencias religiosas esotéricas  herméticas que coartan y encasillan el conocimiento, creyendo cada uno tener su propia verdad).

Entonces, surge todo un sinnúmero de orientadores, maestros, gurúes, iluminados, afirmando tener cada uno su propia razón.  Verdaderos y falsos profetas que confunden a la humanidad, pero la luz del discípulo se hace cada vez más profunda y certera en la búsqueda, ya que no se deja engañar.  Sus fuerzas internas dominan su entendimiento, guiándolo para no fallar.  Son muchas las pruebas a las que es expuesto, fortaleciendo su valentía, pero no se deja encasillar.  Es un ser libre, auténtico, un ser que sólo el dominio divino puede aceptar.  Nada ni nadie lo castra en su eterno peregrinar abierto hacia la luz, lejos de dogmas y tabúes, claro como las aguas de un manantial; simple y sencillo, humilde y creyente, con la ingenuidad de un niño que le abre las puertas del cielo, las puertas del conocimiento, las puertas del saber.

 

Día 3 de noviembre de 1991

POR.  ALIDA OTTENGO DOMÍNGUEZ

Hora: 11 p.m.

Estamos en el umbral de fuertes acontecimientos, fuertes cambios para una humanidad atónita y desvalida, despreocupada e irresponsable.  Hemos creado la consciencia de la revolución por venir; revolución externa e interna.  Este mundo evoluciona junto con todo el cosmos.  El gran macrocosmos y por ende todos los seres que pertenecemos a él también sufrimos cambios físicos y espirituales, y de una manera u otra tenemos que engranar con ese cambio.  Nosotros conformamos el microcosmo.  “Como es arriba, es abajo” (una de las leyes universales de las que nos habla Hermes Trismegisto).

Los humanos somos seres perfectos, hechos a imagen y semejanza de Dios Padre, pero a través de milenios hemos ido desvirtuando la idea de perfección por los errores cometidos, y hemos caído en un remolino de pasiones hasta lo más bajo de la imperfección, enfermedades, miedos y odios que producen en nosotros secuelas muy graves y que se van arrastrando de vida en vida por ignorancia.

Cuando un ser nace, se ve atado a una serie de condicionamientos producidos por el entorno.  Los padres, familiares, amigos, le coartan su libertad, adaptándolo a lo que creen conveniente para ese niño, y este a su vez comienza un proceso de querer poseer todo (mis padres, mis hermanos, mis juguetes), y así se hace prisionero de su propio hábitat, poseyendo y siendo poseído.  Comienzan las emociones a desequilibrarse, produciendo odios, angustias, etc., y a su vez el ego dirigido por el libre albedrío, empieza a incrementarse haciendo fortalecer una personalidad basada en orgullo, vanidades, soberbias, logrando así un hombre revestido de máscaras que no dejan ver su auténtica esencia, produciendo así una autoestima muy baja, manejada por grandes temores que no dejan canalizarla. 

 

La personalidad se vale de todas  estas vestiduras para demostrar al mundo que es muy fuerte y segura, y poco a poco esa energía se va desgastando, empobreciendo, y el humano sumido en ese mundo de pasiones y competencia, va mermando su propia esencia, y así nuestras células se empobrecen, se debilitan y envejecen muriendo poco a poco.  Si bien el ser humano viene acondicionado para vivir de 500 a 1.500 años, su vida sólo tiene un promedio de duración de 70 a 150 años en casos extremadamente raros.  La vejez pasa a ser un estado físico y mental, no hay retorno al rejuvenecimiento de nuestras células.  ¡Qué falta más grande de conocimiento de la Real Verdad! ¡Qué períodos de oscurantismo estamos viviendo en pleno Siglo XX!

En la medida en que el hombre cambie su interno y comience a buscarse y reconocerse, vendrá la principal de las revoluciones y esta es "La Revolución Interna del Hombre, el Gran Cambio:  un Nuevo Renacer, un Nuevo enfoque de su Existencia; el Hombre Nuevo, el Hombre de la Era de Acuario, el Hombre de la Era Dorada".  En tanto que el hombre comience una reflexión constante de su vida y aplique el conocimiento de la meditación, equilibrio de sus chakras y se salga de la centrífuga de las pasiones y emociones desbordadas que lo asfixian, maniatándolo en una red energética que lo aprisiona.

Pero de repente, llega el momento en que por evolución toma Consciencia.  Se sale de su ignorancia y comienza a aplicar el conocimiento; entonces, permite que todo este raudal de luz, de energía que viene del infinito, a través del cuerpo causal penetre por su chakra superior y de allí a todo su cuerpo de manera fluida, perfecta y equilibrada, atravesando sus chakras, activándolos y haciendo que a través de ellos pase a toda una red por todo nuestro cuerpo hasta nuestras más profundas células y hasta el más recóndito átomo, haciendo que esa luz se expanda.  Cada célula se reactivará de Energía Divina, y la Energía Crística irradiará en todo nuestro Ser, volviendo a alimentarlas, rejuveneciendo cada una de ellas en perfecta armonía.  Y así, nuestra estructura ósea, nuestros músculos, órganos y piel, comenzarán a presentar un cambio perfecto, una juventud, salud y equilibrio.

Porque no basta con que en nuestra mente creemos salud y eterna juventud.  Con ella estamos mandando constante energía positiva, si es que así pensamos, pero para que esa energía de pensamiento cuaje realmente en el físico, necesita el toque mágico de la práctica de las técnicas que da el conocimiento y de esta manera dejaremos fluir esa energía causal a través de nosotros, imaginando cómo una antena en movimiento o cómo un rayo láser nos une a esa perfecta energía causal, produciendo un cambio mágico en nuestras estructuras físicas, etéricas, emocionales y mentales.  Y de esta manera, el hombre de la Nueva Era, es un hombre nuevo con capacidad de vivir por lo menos 150 años en la primera etapa, y de tener un contacto con sus niveles de Supraconsciencia (Dios dentro de nosotros) manifestándose de una manera perfecta y armoniosa, creando así al hombre que prevalecerá en esta nueva era, el “Superhombre”.

 

    

  

Alida Ottengo Esoterismo / Tarot - Kabbalah

 
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Los Arcanos Mayores del Tarot, son Claves o Arquetipos que nos conectan directamente con el Inconsciente Superior, situado en las capas sutiles de la Dimensión correspondiente a "los Senderos del Etz Ha Chaim o Árbol de la Vida". Siendo este último, un Símbolo que representa el Espíritu de Dios en el Hombre y en el Universo.

Podemos comparar al Árbol de la Vida como el Átomo Divino, que se repite infinitamente formando la Gran la Malla Crística, la cual arropa como un Manto de Luz, a todo el Universo Celestial. Creación Universal de Dios Padre.

Los Senderos antes mencionado, son Canales de Comunicación, entre las 10 Sephiroth o Esferas, que se encuentran contenidas en El Árbol de la Vida, interconectándolas unas con las otras.

Las 22 Claves del Tarot, conjuntamente con las 22 Letras Sagradas Hebreas, que representan a los Elohim o Dioses Creadores del Universo, funcionan en forma Arquetípica, dentro de cada uno de los 22 Senderos del Árbol, conectándonos con las Puertas de la Supraconsciencia, donde se encuentra manifestado el Espíritu de Dios en cada Ser .

Esto se logra por medio de un Trabajo Consciente y Especializado, a través del cual alcanzaremos la Unión con "El Cristo Interno", primero en nuestros Corazones, para después poder irradiarlo a toda la Tierra. De esta forma contribuiremos con la Reconstrucción del " Edén o el Paraíso Terrenal en el Planeta".

Este "Trabajo Iniciático" consiste en el equilibrio de "Los Pares de Opuestos", o las dos Polaridades que existen desde el mismo momento que se creó el Universo; cuando el Padre se polarizó en dos Grandes Energías, para dar origen a toda su Creación. Esta Energía, Masculina y Femenina, se encuentran también dentro de todos los Seres Humanos.

El Perfecto manejo de estas dos Fuerzas, conducen a la Ascensión de la Energía por la Columna Vertebral, la cual corresponde al "Pilar Medio, en el Árbol de la vida". Esto ocurrirá en el momento en que el Hombre ya se encuentre preparado, para este proceso tan trascendental. Dándose así, el paso final para obtener "Su Iluminación".

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